jueves, 5 de septiembre de 2013

No quiere ser payaso

Constituye un personaje de groseros colores. Atroces pensamientos cultiva en sus noches. Odioso. Pervierte a los niños que de día entretiene. En su voz, rejunta sueños de caramelos y diversiones. Y los corroe. Nadie lo conoce de verdad. Se encierra en su departamento. Solo. Infeliz. Allí juntan polvo viejos proyectos que eran sueños. Pero ahora está solo. Siendo famoso. Un payaso famoso. En su disfraz exitoso oculta su faz cadavérica. Esconde vicios oscuros. Se contamina con lo que puede. Con kerosene. La degradación de ser payaso dentro y fuera del escenario. Cuando se acuerda intenta ser feliz. Pero ya no se puede. Porque es famoso. Porque está solo.


A lo lejos, la ciudad continúa. Adorables infantes son fieles espectadores que pululan en hogares de concreto. Productos de matrimonios infelices. Y Bauti mira al payaso por tele. Todas las tardes. Él le dice pasayo, pero nadie lo escucha. Y le tiene un poco de miedo. Pero más miedo le tiene a su papá cuando lo ve jugando con las herramientas y le pega. Ya no quiere verlo más. Quiere salir a correr. Pero mamá dice que se lastima. Y no lo deja. La tele dice cosas raras. Dice que coma verduras feas en los almuerzos. Que sus papás no le cocinan. El payaso canta, hace morisquetas como un mono, que lo asustan. Bauti no quiere escucharlo más. Y llora. Porque tiene pesadillas. Él no quiere ser payaso de grande. Y sigue llorando. Porque está solo. 

1 comentario:

  1. Bueno, mucho mejor de lo que sube Estevez, tenes dignidad...aunque no es lo que yo creo de la narrativa, la complejidad no esta en frases rebuscadas, quizás lo rebuscado es ser cada vez más simple, a mi modesto entender...y no puedo dejar de pensar en tu paralelismo con Estevez, desde que te conocí, indudablemente , afecto tu ideología y tu forma de publicación, a si que te felicito Martincito...

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