sábado, 18 de julio de 2015

Arte verdadero



Así es la vida de Gerardo quien, pese a su estilo más bien bohemio, tiene un objetivo muy claro: alcanzar la expresión máxima del arte. Para estar a la altura de la tarea se instruye con las ideas fundamentales de la teoría del arte plástico y literario. Con tantos conceptos de la estética se le ocurre una idea y un día comienza a dormir en las plazas. Piensa que la obra de arte no es más que pura sensación y no hay sensación más sentida que la soledad en la ciudad. Asimismo, se convence de que la metáfora del frío es imposible de lograr sin saber del frío verdadero, sentido por tantos en la calle. Llevados varios días en la intemperie, no dejaba de pensar en aquella obra digna de sus esfuerzos. Entendió que no hay obra más famosa que la anónima. Anónima debía ser, por tanto, la empresa, por lo que comenzó a salir por las noches con un pasamontañas cubriéndole la cara a realizar grafitis en paredones vacíos. Pasó de contemplar el arte como reflejo de la realidad a contemplar la realidad como si fuera reflejo de un gran cuadro. Si el arte es representación, como enseñaban los griegos, la realidad es el arte más acabado representando los conceptos detrás de ella. Invierno. Cucarachas. Injusticia. Cemento. Indiferencia. Combustión. Infamia. Celeridad. Inclemencia. Calle. Indolentes. Corruptos. Invisibles. Contaminados. Imágenes. Celdas. Ídolos. Cuerpos. Inmateriales. Constantes. Inseparables. Cientos. Incinerados. Un martes de otoño, se propone la gran obra y en un sueño de colores ocres, música triste, personajes humillados y algunas horas, Gerardo logra su objetivo. Tan glorioso, tan pasajero y tan ignorado.

viernes, 19 de junio de 2015

Eran las tic-tac naranjas



Es lunes y tengo mucho frío. Como la profesora Almaraz faltó, tenemos las primeras dos horas libres y estamos todos en el buffet sentados en una especie de ronda alrededor de algunas mesas. Tengo un buzo canguro gris y negro y miro al piso. También tengo puesto un pantalón verde oscuro dos talles más grande y que usé casi todos los días de aquel año. Mis zapatillas son unas de lona color verde flúor. Las baldosas ostentan un color amarronado y, mientras las observo, mi cabeza se aburre con otras ideas. Recuerdo, por ejemplo, aquella sensación desagradable de la noche anterior cuando mi cara totalmente afeitada se reflejaba en el espejo. Me quedó, además, la amargura del partido de ajedrez perdido el domingo por la tarde contra mi primo Joaquín. 

El cuadro descripto es totalmente verdadero, no hay nada de literatura ahí. Es más, esta vez no voy a decir que me llamo Tomás ni boludeces parecidas que hago en textos de este mismo blog cuando me da vergüenza lo imbécil que era. Nada de eso, soy Leandro, tengo un buzo cangurito que Agustín me va a romper dos meses más tarde, es un lunes de agosto a la mañana, estoy completamente afeitado y con un pantalón verde impresentable, me estoy cagando de frío, las baldosas son amarronadas y tengo la seguridad de que Leslie, la chica que amo sin decírselo a nadie, me está mirando ahora mismo. 

No sólo eso. Está diciendo algo de mí aunque no sé bien qué. La situación es tan incómoda que finjo ganas de ir al baño en el instante en que ella dice "¡basta, no aguanto más!", como si expresara mi pensamiento y no el suyo. Supe enseguida que iba a proponerme algo.

La escena fue rápida. Ella y dos compañeras se dirigen hacia mí. Imagínense el cagaso. Mara se me planta enfrente y, como dándome una trompada, me extiende ambas manos en un gesto sorpresivo. En su derecha tiene un paquete de tic-tac blancos, en la otra un paquete de tic-tac de naranja.

-¿Querés? Leslie te convida.

Anuncian con crueldad.

-Elegí bien, no seas boludo- comenta Luciana.

A mí los tic-tac de naranja no me gustan. Elegí, entonces, las pastillas blancas. Sólo las señalé, tan nervioso estaba.

Esperé la reacción.

-¡Bueee…! No sabés lo que te perdés- Dijeron con un pronunciado gesto de decepción.

Las blancas eran la opción equivocada. Y no, no tenía idea de lo que me perdía. Nunca lo supe. Elegir entre unas pastillas blancas u otras naranjas, ¿qué tan importante puede ser una decisión tan pero tan pequeña?

Así, sin más, se iban a ir.

-Bueno, pero se van y no me dieron el tic-tac blanco- dije dando vergüenza. Luciana me da el vacío que me había ganado y ambas se fueron.

La anécdota no es más que ésa. Detrás de los tic-tac de naranja estaba el amor que tuvo que ser y no fue. Este texto es un intento para dejar de lamentar no haber elegido las putas pastillas naranjas. No hubo vuelta atrás. Leslie había tomado la mala decisión de dejarme elegir o, mejor dicho, tomó la mala decisión de librarlo al azar.

sábado, 25 de abril de 2015

El amor no se dice




El que lo dice, miente
Por favor escuchá lo que te tengo que decir. Todo el día te estuve llamando, Emilia, y no te pude ubicar en ningún lado. Lo del otro día fue una equivocación. No tuvo que haber pasado pero se dió. Así nomás, se dió. Desde el principio las cosas fueron normales y nadie buscó nada, los dos hablábamos de vos, Emilia, porque te queremos mucho. Nos llevábamos bien, vos nunca me dijiste que ella era tan simpática. Nunca me dijiste nada, Emilia, ¿viste que vos también te equivocás? Siempre es difícil reconocer los errores de uno, ¿no? Igual no es éso lo que te quiero decir, nos llevábamos bien porque los dos trabajamos bien, y lo que pasó después, bueno, para qué decirte, también se dió así. Ella siempre te tuvo envidia, de chiquita lo sabés, y el fallecimiento de tu mamá no mejoró las cosas. Pero te quiere mucho, por eso es tan así, tan chiquilina. Los dos te queremos mucho. Pero yo te amo, Emilia. Lo del juicio fue idea del amigo, tomalo con calma eso, yo le dije que no lo haga pero no me quiso escuchar. Se le metió en la cabeza que quiere la plata de mamá, que de otra forma no se la ibas a dar. Es chiquilina, Emilia. Y para colmo vos no tenías las cosas muy en regla ¿viste que también hiciste todo mal? Igual no es eso, ahora te estoy pidiendo disculpas por todo, te estoy pidiendo perdón y que tengas en cuenta esta actitud por favor. En cuanto a lo otro sabés que pase lo que pase yo te voy bancar, lo sabés. Justo anoche tu hermana me invitó a tomar algo en el bar de enfrente, estuvimos hablando un rato largo, viste como es ella, cuando se pone a tomar no para de hablar. Me hacía reír mucho. Pero bueno, cuestión que me contó muchas cosas, ¿sabés Emilia?, varias cosas de vos y el negocio de tu mamá. Detalles, cómo lo manejabas y cómo arreglabas todo con la inspección. No para de hablar la nena, la conocés mejor que yo. Ahora sé algunas cosas y en tu situación no te conviene, ¿viste Emilia? Esta noche te venís a casa, a comer, todo va a ser como antes ¿Me vas a perdonar, no? Bueno, solamente te quería decir que tengas en cuenta eso. Y que te amo mucho.

El que lo siente, lo afirma
Las cosas más hermosas se sienten nada más y cualquier intento de decirlas o escribirlas de nada vale. Una vez me dijiste que no es necesario hablar todo el tiempo y tenés razón. Tampoco es necesario decirlo todo. Por eso quisiera no escribir esto.Bueno, no escribo nada. Pero me sale en forma de una sonrisa sin querer. Me sale en forma de pensamientos que no quieren dormir solos en mi cabeza y te sueñan en silencio. No sé qué me pasa. Me pierdo. Escribo palabras sin sentido. Ya no soy solamente yo. Soy yo y un pensamiento. Soy yo y una mirada cercana. La más linda. Y es por eso es que te odio. Como un paisaje del norte que de tan hermoso te hace pensar que no querés dejarlo nunca, que no querés volver la vista hacia otro lugar y caés en la cuenta de que hubiera sido mejor no haberlo encontrado nunca. 
En este momento, como casi siempre, estás en mi cabeza. Ahora estás ahí adentro leyendo esto, y me gustaría que no sea así. Que en la realidad no lo leas nunca, porque estas palabras en verdad no te van a decir nada. Son un triste engaño. 
Sí, una excusa para decirte nada más que eso. 
Nada más. 
Que pienso en vos.

lunes, 13 de abril de 2015

El dragón de Nantong



Al otro lado del mundo, en el imperio más poderoso de la tierra, se conserva la costumbre de relatar la historia del dragón de Nantong y Mei Ling. Es la más preciada de todas las tradiciones literarias y todos la imaginan tan lejana en el tiempo como el origen del mundo. La comienzan en cualquiera de sus episodios, omitiendo los más inoportunos y simplificando los hechos. Como es de esperar, las versiones más mentirosas son las más populares. Sin embargo, la historia nunca tiene un final, ni real ni ficticio ya que todos acatan la única regla: la desaparición y el paradero del dragón de Nantong no puede ser referida por decreto. La tortura con fuego y escamas será el fin de quien se aventure a violar la ley imperial.

miércoles, 1 de abril de 2015

Paul Groussac, matrero


La luz disminuía veloz en el monte entrerriano. La cuadrilla lo perseguía encarnizada pese al calor y el cansancio. “¡Rendite ño Calandria, te tenemo’ a tiro de bola ya!” gritó estentóreo el sargento José María y sus palabras llegaron secas, como oídas en un sueño, a los oídos del bandido. Montado en aquel mancarrón que le había robado al negro Gómez se disponía a hacerles frente. “¡Calandria no se rinde ni teme a nadie!” escucharon los soldados antes de que un certero tiro de bolas parta de la cuadrilla echando a tierra al caballo y su fugitivo.

Lo tienen atado de manos a él, el más hábil bandido del litoral. Su cuello desnudo enfrenta ahora el filo amenazante de un facón. Con mirada obsesiva se detiene en el mango labrado de alpaca. Está tranquilo, sabe que no pueden matarlo todavía porque en su bolsillo conserva el amuleto curado de gualichos que su abuela le dio en el Uruguay. 

La presión del facón en las venas de su cuello se vuelve intolerable. Van a liquidarlo. Calandria no lo puede creer, la muerte debería estar lejos mientras el talismán esté en su bolsillo. Pero, ¿lo tiene realmente? Piensa que pudo haberlo perdido en la fuga y el miedo lo domina como una noche sin luna. Quiere tantear su chaqueta pero la cuerda oprime sus muñecas. Gotas de sangre brotan de su garganta.   

Se despierta jadeando y con la cara transpirada. Extiende sus brazos y los siente liberados. La almohada húmeda pero relajada y la cama de siempre, en Buenos Aires. Por suerte es Paul Groussac, intelectual de la élite porteña y afortunado ajeno a los entreveros soñados. Aunque todavía dude, confundido. 

Siente miedo en la oscuridad del cuarto, necesita con urgencia meter la mano en el bolsillo y ver lo que hay dentro de él.

domingo, 29 de marzo de 2015

Historias nunca escritas



A sus quince años Luciano lleva leídos tres libros. Del primero entendió que el amor es peligroso, del segundo extrajo que el verdadero engaño procede de los seres más queridos, y del tercero dedujo que todos los héroes son de mentira. Lucho no leyó más libros en su vida. No obstante, creció amando aquellas historias de amor efímero y sincero, de héroes muertos por la injusticia y de los que encontraron su fin siendo honestos. Esas historias nunca fueron escritas en ningún lado y presentirlas, escucharlas o vivirlas constituía para él algo mucho mejor que leer cualquier libro de papel. 

Los priámidas



Tras la destrucción de Troya, la fuga indocumentada de dos hijos de Príamo da lugar al siguiente diálogo:
-Tu rostro se encuentra polvoriento, Telestas.
-Tanto como mi entendimiento Filemón.
-Fundaremos un nuevo mundo, en esto no guardes duda. Un mundo lejos del pensamiento griego, y un pueblo sin héroes, como ha sido el de Troya.
-Costará más penas, pero de esa forma lo haremos.
-¿Notaste la gallardía que les acometió luego de asesinado Héctor? Él no era el más fuerte de nosotros, ni siquiera el más valeroso, pese a que destacaba en porte.
-Necesitan señales, Filemón.
-Todos los hermanos de Príamo somos igual de hábiles en la guerra, nos derrotaron por número, eso sí, pero jamás toleraron nuestra superioridad. Somos el uno igual al otro. En la paridad nadie destaca y mayor es nuestra justicia. Pero ellos necesitan diferenciados y sin duda falsearán así la historia, poblándola de personalidades vacías.
-A su manera lo simplifican. Interminables serían, de otra forma, las historias aguerridas de todos nosotros, los hijos de Príamo.