Así como un trébol resulta muy hermoso en un jardín y puede ser exageradamente pernicioso en un cultivo de maíz, la literatura se ve muy linda escrita pero en la mente se torna verdaderamente tóxica.
jueves, 20 de agosto de 2015
miércoles, 29 de julio de 2015
Es el caos
Alguien roba el celular a alguien. Corro al ladrón y le arrebato el celular. Alguien cree que el ladrón soy yo, me insulta y me arrebata el celular. El propietario, indignado, increpa al cuarto individuo creyéndolo el primer y verdadero ladrón y le quita el celular.
La escena se repite en distintos puntos de la ciudad en simultáneo. Ahora nadie sabe quién es el ladrón y quién el robado, porque muchos son los unos y muchos los otros.
En un inicio, intenté ser amable. Ahora, puesto que mi celular ha sido arrebatado, intento apropiarme de alguno que sea de mi agrado. Ya no sé si soy el delincuente o si soy el atacado. Y es el caos.
jueves, 23 de julio de 2015
Metáforas en concreto
Soy en el mate de la mañana. Siempre
tan amargo en el primer sorbo. Luego me gano simpatías con el sabor algo
mejorado, hasta puedo parecer lúcido, generando, incluso, expectativas en quien
me ceba. Pero luego, ya sin agua, termino sin ideas y descubriendo mi verdadera
identidad de simples yuyos triturados en un mate poco original que pierde sabor con el tiempo. Así y todo, algunos me desayunan. Incluso me sacuden
amistosamente el peinado con pizcas de azúcar para no decepcionarse tan
pronto. A decir verdad, sólo unos pocos me toman por elección, la mayoría lo hace
porque otros me ofrecen y no quieren ser descorteces. De esta manera es que
me aceptan, me chupan un poquito y me devuelven dando las gracias.
Soy, también, en la metáfora.
El autoritarismo del diccionario define
que la metáfora es un giro del lenguaje por el que se nombra una cosa
mencionando otra. Yo menciono mi nombre cuando me lo preguntan, por ejemplo. Yo podría llamarme tomás, es posible que así figure en mi
documento, pero de ninguna manera soy en
la palabra tomás. Los diferentes fonemas que descomponen tomás no me denominan sino por casualidad, parcialmente y por decisiones ajenas y
arbitrarias. Me dicen tomás, como podrían decirme joaquín, diego, patricia, mariana, ismael, facundo, francisca o, incluso, leandro.
Yo no soy más en la metáfora de
algunas letras sin sentido que en la metáfora de un mate. Ni siquiera yo soy yo. Podría ser, más bien, un puñado
de metáforas variadas. Podría ser, por ejemplo, en la metáfora de un guerrero
griego o también en la de pequeñas hormigas caminando por la comisura de una
baldosa o en la metáfora de un colibrí sin vuelo.
Por eso mismo, y aunque ustedes no lo
crean, soy también en estas líneas. Sí, estas de acá y de ahora, sin ninguna
metáfora mediante. Estas líneas me mencionan tanto como mi nombre. Tanto o
mejor, dado que salen de mí mismo. Soy estas oraciones y estoy en la pantalla
de tu computadora. Y no sólo eso. Soy tanto estas líneas como soy el que las
está leyendo. Soy en su mente.
A esto es a lo que quería llegar. Como el mago que muestra el prodigio cuando descubre su galera, yo afirmo que estoy en vos
porque vos estás leyendo algo que yo soy. Por todo esto es que, además de ser
un mate, soy en vos, en tu pensamiento. Sea donde sea que estés leyendo esto,
sólo por un rato.
Soy vos y un mate. Me termino en el último sorbo. Y con el punto final dejo de existir.
lunes, 20 de julio de 2015
Boceto de una experiencia
Existo para que algún día, a pesar de todos los pronósticos,
el deseo de encontrarte se cumpla. El deseo de entender la razón de todas las
mañanas o capaz no ocurra nada y la muerte esté vacía de significado y como una
sombra me desvanezca en la oscuridad que reina en la suma de todas las sombras
que murieron de ser sombras, de no encontrar, de no saber que existías, de
olvidar el camino.
Para comunicarme con vos hablo de nada o, mejor dicho, hablo de eso, y el sujeto tácito gobierna mis palabras. Palabras que cuesta encontrar porque es más fácil imaginarte en silencio para estar cerca y mirarte con transparencia y que tu corazón se deje querer.
Para comunicarme con vos hablo de nada o, mejor dicho, hablo de eso, y el sujeto tácito gobierna mis palabras. Palabras que cuesta encontrar porque es más fácil imaginarte en silencio para estar cerca y mirarte con transparencia y que tu corazón se deje querer.
Algún lector intérprete se esforzará también por encontrarte,
y sus esfuerzos serán vanos.
Yo tampoco sé de quién hablo.
Yo tampoco sé de quién hablo.
sábado, 18 de julio de 2015
Arte verdadero

Así es la vida de Gerardo quien,
pese a su estilo más bien bohemio, tiene un objetivo muy claro: alcanzar
la expresión máxima del arte. Para estar a la altura de la tarea se
instruye con las ideas fundamentales de la teoría del arte plástico y
literario. Con tantos conceptos de la estética se le ocurre una idea y
un día comienza a dormir en las plazas. Piensa que la obra de arte no es más
que pura sensación y no hay sensación más sentida que la soledad en la ciudad.
Asimismo, se convence de que la metáfora del frío es imposible de lograr sin
saber del frío verdadero, sentido por tantos en la calle. Llevados varios días en la
intemperie, no dejaba de pensar en aquella obra digna de sus esfuerzos. Entendió
que no hay obra más famosa que la anónima. Anónima debía ser, por tanto, la
empresa, por lo que comenzó a salir por las noches con un pasamontañas cubriéndole la cara a realizar grafitis en paredones vacíos. Pasó de contemplar el arte como reflejo de la realidad a contemplar la
realidad como si fuera reflejo de un gran cuadro. Si el arte es representación,
como enseñaban los griegos, la realidad es el arte más acabado representando
los conceptos detrás de ella. Invierno. Cucarachas. Injusticia. Cemento. Indiferencia. Combustión. Infamia. Celeridad. Inclemencia. Calle. Indolentes.
Corruptos. Invisibles. Contaminados. Imágenes. Celdas. Ídolos. Cuerpos. Inmateriales.
Constantes. Inseparables. Cientos. Incinerados. Un martes de otoño, se propone la gran obra y en un sueño de colores
ocres, música triste, personajes humillados y algunas horas, Gerardo logra su
objetivo. Tan glorioso, tan pasajero y tan ignorado.
viernes, 19 de junio de 2015
Eran las tic-tac naranjas
Es lunes y tengo mucho frío. Como la profesora Almaraz faltó,
tenemos las primeras dos horas libres y estamos todos en el buffet sentados en
una especie de ronda alrededor de algunas mesas. Tengo un buzo canguro gris y
negro y miro al piso. También tengo puesto un pantalón verde oscuro
dos talles más grande y que usé casi todos los días de aquel año. Mis
zapatillas son unas de lona color verde flúor. Las baldosas ostentan un color
amarronado y, mientras las observo, mi cabeza se aburre con otras ideas. Recuerdo,
por ejemplo, aquella sensación desagradable de la noche anterior
cuando mi cara totalmente afeitada se reflejaba en el espejo. Me quedó, además, la amargura del partido de ajedrez perdido el domingo por la tarde contra mi primo Joaquín.
El
cuadro descripto es totalmente verdadero, no hay nada de literatura
ahí. Es más, esta vez no voy a decir que me llamo Tomás ni boludeces parecidas que
hago en textos de este mismo blog cuando me da vergüenza lo imbécil que era.
Nada de eso, soy Leandro, tengo un buzo cangurito que Agustín me va a romper
dos meses más tarde, es un lunes de agosto a la mañana, estoy completamente
afeitado y con un pantalón verde impresentable, me estoy cagando de frío, las
baldosas son amarronadas y tengo la seguridad de que Leslie, la chica que amo
sin decírselo a nadie, me está mirando ahora mismo.
No sólo
eso. Está diciendo algo de mí aunque no sé bien qué. La situación es tan
incómoda que finjo ganas de ir al baño en el instante en que ella dice
"¡basta, no aguanto más!", como si expresara mi pensamiento y no el
suyo. Supe enseguida que iba a proponerme algo.
La escena fue rápida. Ella y
dos compañeras se dirigen hacia mí. Imagínense el cagaso. Mara se me planta enfrente y, como dándome una trompada, me extiende ambas manos
en un gesto sorpresivo. En su derecha tiene un paquete de tic-tac blancos, en
la otra un paquete de tic-tac de naranja.
-¿Querés?
Leslie te convida.
Anuncian
con crueldad.
-Elegí
bien, no seas boludo- comenta
Luciana.
A mí
los tic-tac de naranja no me gustan. Elegí, entonces, las pastillas blancas.
Sólo las señalé, tan nervioso estaba.
Esperé
la reacción.
-¡Bueee…!
No sabés lo que te perdés- Dijeron con un pronunciado gesto de decepción.
Las
blancas eran la opción equivocada. Y no,
no tenía idea de lo que me perdía. Nunca lo supe. Elegir entre unas pastillas blancas u otras naranjas, ¿qué tan importante puede ser una decisión tan pero tan pequeña?
Así,
sin más, se iban a ir.
-Bueno,
pero se van y no me dieron el tic-tac blanco- dije dando vergüenza. Luciana me da el vacío que me había ganado y ambas se fueron.
La
anécdota no es más que ésa. Detrás de los tic-tac de naranja estaba el amor
que tuvo que ser y no fue. Este texto es un intento para dejar de lamentar no haber elegido las putas pastillas naranjas. No hubo vuelta atrás. Leslie había tomado la mala decisión de dejarme elegir o, mejor dicho, tomó la mala
decisión de librarlo al azar.
sábado, 25 de abril de 2015
El amor no se dice
El que lo dice, miente
Por favor escuchá lo que te tengo que decir. Todo el
día te estuve llamando, Emilia, y no te pude ubicar en ningún lado. Lo del otro
día fue una equivocación. No tuvo que haber pasado pero se dió. Así nomás, se
dió. Desde el principio las cosas fueron normales y nadie buscó nada, los dos
hablábamos de vos, Emilia, porque te queremos mucho. Nos llevábamos
bien, vos nunca me dijiste que ella era tan simpática. Nunca me dijiste nada,
Emilia, ¿viste que vos también te equivocás? Siempre es difícil reconocer los
errores de uno, ¿no? Igual no es éso lo que te quiero decir, nos llevábamos
bien porque los dos trabajamos bien, y lo que pasó después, bueno, para qué
decirte, también se dió así. Ella siempre te tuvo envidia, de chiquita lo
sabés, y el fallecimiento de tu mamá no mejoró las cosas. Pero te quiere mucho, por
eso es tan así, tan chiquilina. Los dos te queremos mucho. Pero yo te amo,
Emilia. Lo del juicio fue idea del amigo, tomalo con calma eso, yo le dije que
no lo haga pero no me quiso escuchar. Se le metió en la cabeza que quiere la
plata de mamá, que de otra forma no se la ibas a dar. Es chiquilina, Emilia. Y
para colmo vos no tenías las cosas muy en regla ¿viste que también hiciste todo
mal? Igual no es eso, ahora te estoy pidiendo disculpas por todo, te estoy
pidiendo perdón y que tengas en cuenta esta actitud por favor. En cuanto a lo
otro sabés que pase lo que pase yo te voy bancar, lo sabés. Justo anoche tu
hermana me invitó a tomar algo en el bar de enfrente, estuvimos hablando un
rato largo, viste como es ella, cuando se pone a tomar no para de hablar. Me
hacía reír mucho. Pero bueno, cuestión que me contó muchas cosas, ¿sabés
Emilia?, varias cosas de vos y el negocio de tu mamá. Detalles, cómo lo
manejabas y cómo arreglabas todo con la inspección. No para de hablar la nena,
la conocés mejor que yo. Ahora sé algunas cosas y en tu situación no te
conviene, ¿viste Emilia? Esta noche te venís a casa, a comer, todo va a ser
como antes ¿Me vas a perdonar, no? Bueno, solamente te quería decir que tengas en cuenta eso. Y que te amo mucho.
Las cosas más hermosas se sienten nada más y cualquier intento de decirlas o escribirlas de nada vale. Una vez me dijiste que
no es necesario hablar todo el tiempo y tenés razón. Tampoco es necesario
decirlo todo. Por eso quisiera no escribir esto.Bueno, no escribo nada. Pero me sale en forma de una
sonrisa sin querer. Me sale en forma de pensamientos que no quieren dormir
solos en mi cabeza y te sueñan en silencio. No sé qué me pasa. Me pierdo.
Escribo palabras sin sentido. Ya no soy solamente yo. Soy yo y un pensamiento.
Soy yo y una mirada cercana. La más linda. Y es por eso es que te odio. Como un
paisaje del norte que de tan hermoso te hace pensar que no querés dejarlo
nunca, que no querés volver la vista hacia otro lugar y caés en la cuenta de
que hubiera sido mejor no haberlo encontrado nunca.
En este momento, como casi siempre, estás en mi
cabeza. Ahora estás ahí adentro leyendo esto, y me gustaría que no sea así. Que
en la realidad no lo leas nunca, porque estas palabras en verdad no te van a
decir nada. Son un triste engaño.
Sí, una excusa para decirte nada más que eso.
Nada más.
Que pienso en vos.
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